Escucha activa

Escucha activa
La comunicación eficaz implica saber expresar ideas y hablar correctamente, pero sobre todo es necesario saber escuchar. Con escuchar no nos referimos a estar simplemente atentos a lo que el otro dice, sino a mantener una actitud que permita a la otra persona sentirse atendida en la comunicación. Hay que procurar no escuchar solo “de apariencia”. Es necesario escuchar de forma activa, situándonos frente al interlocutor, cara a cara, expresándonos con nuestros gestos y con intervenciones breves, que hagan sentir al emisor interés por lo que está contando. A veces no es necesario decir nada, la persona que quiere hablar quizá solo necesita expresar sus sentimientos y sentirse escuchado. En muchas ocasiones, no tienes que dar tu opinión (al menos en un principio), solo mostrar interés. Por ejemplo, cuando hablamos con un alumno que nos cuenta un problema puede bastar únicamente con decir “ajá”, “ya veo”, “mmmm vaya…”, mientras se asiente con la cabeza mostrando interés. Es mejor dejarle que explore sus propias ideas y que llegue por sí mismo a la solución. Existen una serie de técnicas básicas que propician una comunicación activa, frente a formas típicas de comunicación que la bloquean, sin pretenderlo. Entre ellas, encontramos las famosos “doce típicas”, las cuales he visto varias veces a lo largo del grado en Pedagogía. Se conoce como las “doce típicas” a los tipos de respuestas que utilizamos la mayoría de las personas cuando queremos ayudar a otra persona para que nos cuenta un problema. A continuación, las expongo con sendos ejemplos para su mejor entendimiento (adaptado de Torrego, 2000):
Las doce típicas: comunicación carente de empatía





Por otro lado, como ya he mencionado, existen una serie de técnicas que favorecen la escucha activa. Han sido recopiladas de lo visto en clase de socio-familiar así como del curso de formación que hice el año pasado “Taller de Convivencia. E-TALCO”. Éstas son:
1.      Escuchar con atención, mostrar interés
Procurar no escuchar solo “de apariencia”. Dejar lo que estés haciendo (puedes pedir “un minuto”, pero que sea realmente uno). Situarnos frente a nuestro interlocutor, cara a cara. A veces no es necesario decir nada, solo necesita expresar sus sentimientos y sentirse escuchado. No es necesario dar tu opinión (al menos en un principio), solo mostrar interés.
Ejemplo:
-          El otro te dice: “¡Estoy harto! Otra vez me ha echado la bronca. Total por llegar dos minutos tarde. ¡Ese tío me tiene manía!”
-          Tu dejas lo que estás haciendo, te sitúas frente a él y le contestas: “Está bien, cuéntame lo que ha pasado, ¿qué ha ocurrido?…”
2.      Resumir
Para ello se necesita comprender lo que se ha dicho, seleccionar adecuadamente los temas y elementos clave y expresar estos temas de manera directa, clara y empática.
Ejemplo: “Por tanto lo que quieres decirme es que…”
3.      Parafrasear
Demostrar que se comprende lo que se ha dicho, es decir, verificar el significado. Permitir que se concrete o se aclare la información. Consiste en repetir las ideas básicas o hechos que se acaban de transmitir.
Ejemplo: “Entonces, lo que me estás diciendo es que…”, “Lo que estoy comprendiendo es que…”
4.      Reflejar
Expresar los sentimientos que hemos percibido en la otra persona, sin interpretar.  Hacer consciente al otro de lo que siente y expresa y mostrar que se entienden los sentimientos.
Ejemplo: Te sientes frustrado porque nunca te dejan…”, “Veo que te causa ansiedad hablar de…”.
Una vez visto esto de forma teórica, se nos ha propuesto en clase una serie de casos donde, por parejas, teníamos que hacer una pequeña simulación de orientador-orientado y responder, primero, poniéndole nombre al sentimiento y, después, con una de esas técnicas ya mencionadas. Si bien es cierto que, la profesora nos ha facilitado una “respuesta comodín” que podría ser válida para comenzar en cualquiera de los casos. Ésta sería: “Imagino que no era fácil. Entiendo que te sientes (nombre del sentimiento), y lo que quieres decirme es que… (reformular la frase con otras palabras)”.

Antes de proceder a la exposición de los casos, facilito un test que hemos llevado a cabo de manera individual en clase para valorar nuestra escucha activa.






En mi caso, los resultados que he obtenido indicaban, en el apartado uno que estoy tan ansiosa por hablar que no puedo escuchar, debo mejorar este aspecto. En el apartado 2, me ha salido que si lograra no desconcentrarme, lograría contactos más duraderos y satisfactorios, cosa que no estoy muy de acuerdo, pues aunque me guste mucho hablar, también se escuchar cuando alguien necesita ser escuchado. En el apartado 3 me ha salido que soy una oyente empática, logrando percibir cómo se sienten las personas que hablan. Por último, en el cuatro, me ha salido que soy una oyente activa, pero que no hago todo lo posible. 

A continuación, expongo algunos de los casos con la posible respuesta:
a)      “No quiero volver allí. No es mi sitio”. (impotencia, tristeza): Entonces no te sientes cómodo y no quieres volver…
b)     “Mi niña tenía 3 años cuando tuve que ingresar en el hospital y dejarla con otra persona.” (angustia): Tiene que ser durísimo, imagino que no tiene que ser nada fácil…
c)      “Mi primera experiencia de irme de casa fue cuando viajé a Canadá.” (libertad): Tuvo que ser emocionante…
d)     “Mi matrimonio con Juan se rompió hace un año. Él fue mi auténtico primer amor.” (desilusión): Lo que quieres decirme es que significó mucho para ti…
e)      “Hay noches que no pego ojo. Me quedo tumbado despierto, me pongo a dar vueltas y parece que nunca se va a hacer de día.” (agobio): Entiendo que estas angustiado y hay algo que no te deja dormir…
f)       “Mi marido se pasa el día quejándose, y si le digo algo me dice que no lo agobie con tonterías. ¡Cree que lo único importante es su trabajo! ¡Como si yo me pasase el día pintándome las uñas!” (impotencia): Entiendo que te sientes frustrada, lo que quieres decirme es que quizás tienes que replantearte la situación de pareja…
Especialmente, quiero comentar este último caso,  y es que, me ha parecido llamativo el tipo de contestación que se ha propuesto en clase. En un principio creí que había sido un toque de humor para reírnos todos, pero no, fue utilizado por la profesora como ejemplo de contestación directa. Nos ha dicho, que en ocasiones, hay que decir directamente lo que el orientado necesita oír. Esto no es fácil, pues tienes que estar completamente seguro de que lo estás haciendo bien. A raíz de esta contestación, hemos visto dos escenas de la película El indomable Will Hunting
En ellas, se apreciaba perfectamente cómo el terapeuta conseguía hacerle ver al cliente su realidad al decírselo directamente y sin pudor. 
Facilito el link de la película en youtube:

Referencias:

Torrego, J.C. (2000). Mediación de conflictos en instituciones educativas. Manual para la formación de mediadores. Madrid: Narcea.