La Felicidad

La Felicidad

Para llevar a cabo la clase donde se explicaba qué es eso de la felicidad (concepto muy abstracto y difícil de definir), hemos realizado, en primer lugar, una práctica llamada “la máquina de la felicidad”. En ella, se nos ha sugerido que supongamos que hay una “Máquina de las Experiencias” que podría darnos cualquier experiencia que deseemos. Después se nos ha propuesto que reflexionáramos acerca de si nos conectaríamos a esta máquina de por vida, con estímulos mediante preprogramación que nos permitieran vivir todos nuestros deseos.  Por supuesto, mientras estuviéramos en el tanque, no sabríamos que estuviéramos allí; pensarás que realmente está sucediendo todo aquello que siempre hemos deseado.

Piénsalo despacio. Podrías vivir en un mundo feliz, un mundo sin miseria, sin injusticias, sin enfermedades ni dolor, una sociedad solidaria, donde no existirían las guerras, el hambre, las catástrofes, sin que hubiera necesidad de trabajar, con todo el dinero a tu disposición, amando y siendo amado por las personas que desearas… ¿No sería fascinante? ¿No es lo que todos deseamos: la felicidad?

Después de esta propuesta, se nos han ofrecido una serie de preguntas:
-          Escribe 3 deseos con los que siempre has soñado
-     Si tuvieras la posibilidad de comprar esa máquina ¿La comprarías? ¿Te conectarías a esa máquina? ¿Por qué?
-          ¿Qué es para ti la felicidad? Escribe una breve definición
-          ¿Qué ingredientes consideras que son indispensables para alcanzar la felicidad?

Yo no he llegado a la conclusión de cuáles son mis 3 deseos siempre soñados, lo que sí que se es que muchas veces he pensado en dos valores que deberían de primar en toda persona: el respeto (en todos los sentidos, pero sobretodo el ideológico) y la humildad. Creo que cualquier persona es fácil de tratar si manifiesta estos dos valores, el primero porque fomenta la empatía entre las personas, el que todos nos entendamos sabiendo que todos somos diferentes, que todos tenemos diferentes pensamientos y que eso no nos hace ni mejores ni peores personas, y por otro lado, el valor de la humildad para entender que no es necesario pisotearnos para ser, igualmente, mejor que el resto.
A la pregunta de si la compraría, yo conteste rotundamente que no, y mis justificaciones fueron muy similares a las expuestas por el resto de mis compañeros: estoy satisfecha con mi vida, cierto es que hay momentos no deseados, o difíciles de llevar, pero sin esas etapas no saborearíamos los contrarios. Una vez leí que la felicidad es no tener miedo cuando te metes a la cama y no tener ansiedad cuando te levantas, y me gustó tanto que lo adopté como significado de lo que para mí significa felicidad.

Después de realizar esta dinámica, vimos en la teoría cosas cosas tan interesantes como que la máquina de las experiencias es una corta sección del libro “Anarquía, Estado y Utopía” del filósofo norteamericano Robert Nozick, de la Universidad de Harvad, y que el 95% de los estudiantes optaron por vivir realmente: trabajar, tener relaciones sociales, incluso experiencias dolorosas frente a la ficticia felicidad de la máquina. Tan sólo un 5% eligió la vía fácil. La conclusión de Nozick es que las personas eligen “una vida real” porque:
  •  Prefieren conducir sus vidas según sus propios criterios y valores, aunque ello suponga pagar el precio de la ansiedad, de los disgustos o los contratiempos
  • Prefieren vivir la enorme satisfacción que implica perseguir sus metas personales, con un cierto grado de esfuerzo y dificultad porque esto hace más gratificante la recompensa
  • Queremos hacer ciertas cosas, no sólo tener la experiencia de hacerlas

o   Ello es solo porque primero queremos hacer las acciones por lo que queremos la experiencia de hacerlas o pensar que las hemos hecho”.
  •         Queremos ser de cierta forma, ser un cierto tipo de persona

o   Alguien que flota de un tanque es una burbuja indeterminada
  •          Conectarse a una máquina de experiencias nos limita a una realidad hecha por el hombre, a un lugar donde

o   No hay ningún contacto efectivo con ninguna realidad más profunda; aunque su experiencia se pueda simular

De la mano de esta práctica, dimos cuatro pinceladas a lo que era la Psicología Positiva (dedicada una entrada íntegra a este punto), y proseguimos con otra práctica “La escalera de la felicidad”.
Esta escalera ya la había visto con anterioridad en el Grado de Pedagogía. En una de las asignaturas de Psicología, nos ofrecieron leer el libro “Aplicaciones Educativas de la Psicología Positiva”, el cual, sin lugar a duda recomiendo, pues aparecen multitud de dinámicas para realizar en las diferentes etapas educativas (Primaria, ESO…) relacionadas con la Psicología Positiva. Es, por tanto, un libro muy práctico en el cual se encuentran las actividades de tipo a la que ahora voy a plasmar con todo lo que en Educación se requiere: objetivos, contenidos, metodología, temporalización y descripción de la actividad. Además, te facilita los recursos materiales necesarios para el desarrollo de cada una de ellas y bibliografía extra que te redirigen a otros libros del estilo. 
Ahora bien, partiendo de la Escalera de la Felicidad de Fidel, se nos propuso en clase elaborar nuestra propia escalera. El orden que yo establecí fue el siguiente (el 1 corresponde a la base de la pirámida):
               1.      El sueño, el descanso
               2.      La alimentación
               3.      El humor
               4.      El ejercicio
               5.      El pensamiento positivo
               6.      El autoconocimiento
               7.      Las metas personales
               8.      El amarse a uno mismo
               9.      El autocontrol
              10.  El disfrutar el presente
               11.  La felicidad es el viaje, no el fin.

Después, reflexionamos sobre si podríamos llegar a elaborar una escalera de la felicidad común para todas las personas, a lo cual vimos que no, pues cada uno había rearmado la escalera de Fidel según lo que prioriza en su vida. Si bien es cierto que hay elementos que contribuyen al bienestar de la mayoría de las personas, siendo las variantes, excepciones que confirmarían esa regla general. La ciencia sería la encargada de tratar de buscar esas verdades universales, de sentar las bases de una sabiduría colectiva, y cada individuo solo tendría que adaptarlas a su situación. No tendría, pues, sentido decir a nadie lo que puede/debe hacer o dejar de hacer para alcanzar la felicidad, ya que todos los seres humanos, siguiendo su propio camino o criterio, tendrían idénticas oportunidades para alcanzarla

Por último, quiero mostrar el corto de “El circo de las mariposas”, el cual esconde mucho contenido didáctico, y, en especial, de lo que supone ser feliz para uno mismo.



Referencias:
Caruana Vañó, A. (2010). Aplicaciones Educativas de la Psicología Positiva. Generalitat valenciana: Alicante.

Disponible en PDF en el siguiente enlace: